sábado, 31 de diciembre de 2011

That exceeds all we can dream.

“Buenos días, pequeña”.

Y a partir de esas tres palabras, una lluvia constante de momentos inolvidables. Tres meses hicieron falta para que se convirtieran en mi frase preferida; tres meses, y la respuesta “mil veces buenos si son contigo” pasó a ser perfecta.

Tres, siempre, tres.

Mil años más junto a vosotras, pequeños desastres. Sed eternas.
Feliz 2012.

miércoles, 21 de diciembre de 2011

Maldita dulzura la vuestra.

Llaman a la puerta.

Entra con su mirada inmensa y atraviesa las paredes de mi pequeño rincón en el mundo; deja la chaqueta sobre la cama y se tumba sobre ella. O en la manta que yace inerte sobre el frío suelo. Incluso a veces, se sienta sobre  la esquina izquierda del escritorio. Dice que desde ahí se ve todo con una perspectiva diferente. Comienza Octubre.

Apaga las luces al aparecer por el pasillo que conduce a la ventana y enciende velas con un chasquido. Es capaz de detener la hora en un eterno mediodía con sólo unas palabras, y devuelve a la vida a mis peluches con una carcajada que rompe el aire en dos mitades. Incluso consigue que un gorro de lana ande.

Se asemeja a un grito que perfora tímpanos: entra con fuerza, ansiosa, insistente si ve que no contesto. Ya nada más importa cuando ella hace acto de presencia. Invade mi refugio y lo vuelca con un estallido de silencio, dejando cera derretida de colores por el suelo y papeles volando por la ventana. Valientemente introduce sus ideas en mi cabeza y las machaca hasta hacérmelas tragar para que yo las deshaga y se las devuelva desmontadas. Adora los rompecabezas y grita cuando una palabra le hace gracia.

Grita, siempre grita, y cae estrepitosamente sobre mí sin que pueda frenarla. Provoca huracanes con sus palmadas y crea universos infinitos mirando a través de su objetivo fotográfico. Nunca pregunta si algo es correcto o no; lo hace directamente y se enfrenta a las consecuencias.

No calla, no duerme. Sonríe, y la vida parece congelarse en sus labios rojos. Pero no le importa, nada le afecta, porque siempre aparece cuando todo se derrumba para poder salvarse a sí misma.

Así es ArLeM.

martes, 13 de diciembre de 2011

We might as well be strangers.

Y aquí estamos el uno frente al otro, separados por la oscuridad del silencio y el eco de sus carcajadas empapando la habitación. Por una noche me gustaría echarlos, espantar tus fantasmas y no ver nada más que la luz de las velas reflejada en el techo, dibujando sombras.

Por una noche inventaría emociones que pudieran ser descritas para hablarte.  Querría ser capaz de crear palabras que transmitieran imágenes a tu retina y las grabara a fuego para que no olvides lo que digo. ¿Sería posible poner la música tan alta que ahogara nuestros gritos mudos? Levantar las manos, rozarte, notar tu contacto y saber que existes.
Sólo esta noche te pediría que te quedases. Podrías cobijarte junto a mi almohada y desmontar mis argumentos a cada minuto, deshaciendo mis teorías, impidiendo que tropezase en el siguiente paso con tu capacidad de ver más allá de estas cuatro paredes. Podríamos dejar de ser dos extraños en un mismo punto de no retorno, fundirnos en uno para que todo fuera mucho más sencillo, echando a perder los años que tardamos en buscarnos. El tiempo que gastamos en encontrarnos.
Y todo ello, tan sólo por unas horas. ¿Sería posible?

jueves, 8 de diciembre de 2011

Lights will guide you.


Se hizo de noche dentro de esas cuatro paredes, dentro de esa caja de música, de ese depósito de sueños. Se apagó el mundo ante sus ojos, se paró el tiempo ante sus dedos. Pero el sonido de las agujas de aquel metro del tiempo seguía marcando el latido de su corazón, y la almohada acumuló todos los suspiros que perdieron sus pulmones mientras tanto. No se movía el aire, había cesado el sentido de los aconteceres, se había muerto la motivación. Y en aquella habitación había un universo independiente e infinito. Brillaban pequeñas hogueras, que normalmente se fortalecían con la brisa de aire que expulsaban las carcajadas. Que cuando no estaban, echaba de menos. Pero las luces brillaban y alumbraban el vacío del techo.

Eran estrellas. Estrellas, ¿en el suelo?

Mirar hacia arriba y no ver nada. Desolador. 

Pero lo que es realmente horrible es ver brillar miles de estrellas sobre tu cabeza y, cuando miras a los lados, darte cuenta de que estás completamente solo.

domingo, 4 de diciembre de 2011

Podría ser tan fácil, sería espectacular.


Dejadme morir, porque todo lo he visto.
Dejadme volver al polvo, a la tierra, a la arena que cubre las playas y alimenta los frondosos bosques del Norte. Dejadme ser partícula que vuele en el viento, ceniza de papel quemado que sopla sobre las montañas y atraviesa las nubes. Dejadme ser agua que fluya en los ríos y ría en la lluvia.
Dejadme, que quiero atravesar el viento en mi caída y pertenecer al universo entero siendo brisa de tormenta.
Matadme. Que mi cuerpo resbale entre los charcos o caiga por un acantilado, pero no me dejéis aquí atrapada. Quiero ser suave voz que adormezca a los insomnes y llama de vela que dance en la oscuridad de las noches. Quiero pertenecer al Todo que reina en este universo ya fragmentado. Quiero ser grito que se eleve sobre ruido y silencio que inunde habitaciones enteras. Permitidme vivir en los tornados y huracanes para sentir la furia que los impulsa.
Acabad conmigo, pero que mi último recuerdo sea vuestro rostro. Yo prometo no abandonaros en la Nada que todo reina.